JULIANO el APÓSTATA, Flavio Claudio Juliano ————————————————— (Noviembre-361 * Junio-363)

  • Constantinopla (Tracia), Junio-331 ♥♥♥♥ Ctesifonte (Mesopotamia), 26/VI/363.

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“Juliano llamado el Apóstata, es decir, una persona que renuncia a su religión. Por supuesto, nadie llamó al anterior Emperador “Constantino el Apóstata” porque renunció al paganismo para convertirse al cristianismo; todo depende quien escriba los libros de historia.” (Isaac Asimov).

  Ni los cronistas de la época, ni tampoco los historiadores actuales, nos han despejado cuales fueron los motivos que indujeron a una exaltada soldadesca a cometer la tremenda masacre contra los descendientes masculinos de Constancio Cloro y su segunda esposa Teodora; en esta purga, perpetrada en otoño de 337 poco después del funeral de Constantino el Grande, fueron aniquilados todos los parientes que, de una u otra forma, tuvieran lazos de consanguinidad con el tetrarca Constancio Cloro: primos, hermanastros, hijos ilegítimos… incluidos los césares, sobrinos de Constantino, Flavio Dalmacio y Flavio Anibaliano. Sólo se salvaron de la matanza los hijos de Flavio Julio Constancio, hermano por parte de padre de Constantino, Flavio Claudio Constancio Galo (11 años) y Flavio Claudio Juliano (6 años); tal vez, esta indulgencia se debiera a que los verdugos, o sus inductores (Constancio II y Constante), consideraron que estas dos criaturas no suponían un peligro en temas sucesorios.

Flavius Claudius Iulianus.

Flavius Claudius Iulianus.

  Flavio Claudio Juliano, Juliano II o Juliano el Apóstata, nació el año 331, Junio/Julio, en Constantinopla y murió el 26 de Junio de 363 (32 años), víctima de una herida de flecha, en Ctesifonte (Mesopotamia), cerca de la actual Bagdad.

  Juliano era nieto del César y Augusto de Occidente Constancio Cloro (293-306), sobrino del Emperador Constantino el Grande (306-337) e hijo de Flavio Julio Constancio {Cónsul en 335 que fue ejecutado, junto a su hijo mayor (nombre desconocido), durante la purga de 337} y su segunda esposa, una matrona de origen macedonio llamada Juliana Basilina, hija del Gobernador de Egipto.

  La madre de Juliano falleció durante el parto, o poco después del mismo, por lo que fue criado por su abuela materna. En 338, pasado el fatídico exterminio palaciego, su hermano Constancio Galo fue recluido en una fortaleza en la provincia romana de Capadocia (Este de Turquía) y él quedó en Constantinopla bajo la tutela del eunuco Mardonio, que lo introdujo en la literatura clásica (Homero, Platón…), y de Eusebio de Nicomedia: el Obispo arriano protegido de Constancio II encargado de vigilar todos sus movimientos. En 342 murió el Obispo Eusebio y Juliano fue enviado a Capadocia bajo la custodia de Jorge de Capadocia, un cristiano erudito de los clásicos griegos; las enseñanzas que éste arriano transmitió a Juliano fueron un cóctel de cristianismo y filosofía pagana. En 350, cuando el Emperador Constancio II encargó a Constancio Galo el gobierno de Occidente, Juliano regresó a Nicomedia entablando una profusa amistad con Libanio, un gentil profesor de retórica, y con el neoplatónico Máximo de Éfeso; quizá fue en esta época cuando Juliano apostató de la doctrina cristiana para convertirse en un pagano fiel seguidor de los filósofos griegos.

  A finales de 355, Juliano, que se encontraba en Atenas disfrutando de una libertad vigilada, fue llamado a Milán por Constancio II para nombrarlo César y encomendarle la tarea de limpiar la Galia de las intromisiones bárbaras; al Emperador Constancio II no le seducía, después de la experiencia con el disoluto Constancio Galo, la idea de otorgarle tan alta responsabilidad, pero era el único pariente que le quedaba. La persuasión de Eusebia, la esposa de Constancio II, y el matrimonio convenido con Elena, hermana del Emperador, fueron determinantes.

  Juliano estableció la base de operaciones en Lutetia Parisiorum (actual París). En un principio el talento militar del joven César (24 años) era muy limitado, pero no pecó de soberbia y delegó las funciones castrenses en sus generales ganándose, en poco tiempo, el respeto y la lealtad de oficiales y tropa, y aprendiendo con gran celeridad el arte de la milicia. En un tiempo relativamente corto ya había restablecido el orden en las más importantes ciudades de la Galia: Durocortorum (Rheims) y Augusta Treverorum (Tréveris -Trier-), urbes en las que los germanos pululaban a sus anchas ante el desconcierto de los romanos.

  Los pueblos francos y alamanes, después del hostigamiento al que fueron sometidos por las legiones de Juliano en el interior de la Galia, se reagruparon en la orilla Oeste del Rin bajo las órdenes de Chonodomario: Rey germano que contaba con una hueste de 35.000 hombres frente a los 12 o 15.000 de Juliano. El jefe bárbaro, primavera-verano de 357, se puso en marcha para apoderarse de la Galia; Juliano, a pesar de la inferioridad numérica, salió a su encuentro. El choque entre ambos ejércitos tuvo lugar en Estrasburgo en Agosto de 357, Batalla de Argenturatum, contienda en la que los romanos obtuvieron una victoria total, bien por la pericia de Juliano, o bien por la torpeza de Chonodomario; el líder alamán perdió casi un tercio de sus tropas, la mayoría en la retirada o ahogados en el Rin, mientras que las bajas romanas fueron poco más de dos centenas.

  Juliano II, en los años siguientes, continuó con el acoso traspasando las fronteras del Rin y masacrando los asentamientos germanos, fue excesivamente cruel destrozando e incendiando poblados, pero esto hizo que francos, alamanes y sajones sintieran un temor inaudito por el César de Occidente; este tipo de incursiones sólo se habían realizado por hombres de la talla del legendario Julio César. Flavio Claudio Juliano, en cuatro años, se había convertido en un sujeto temido por los bárbaros, admirado por la plebe, y en el niño mimado del ejército.

Proclamación, por las legiones, de Juliano II como Emperador. (ilustración de L. Pogliaghi)

Proclamación, por las legiones, de Juliano II como Emperador. (ilustración de L. Pogliaghi)

  En Oriente, en 359, el sasánida Sapor II al mando de un ejército de 100.000 hombres había reanudado las hostilidades cruzando el Tigris para adueñarse de Mesopotamia. El Augusto Constancio II, viéndose en desventaja, exigió al César Juliano parte de sus legiones de Occidente; en principio, Juliano aceptó la demanda, pero sus generales se negaron, juzgando que era una estrategia de Constancio para debilitar su reputación. En París (Lutecia de los Parisinos), Febrero de 360, tropa y oficiales aclamaron Emperador de Occidente a Juliano desligándose de Constancio II; investidura que aceptó a regañadientes. Hubo cruce de misivas: mientras Constancio apremiaba a Juliano para que renunciara al nombramiento con la promesa de que era el único heredero imperial, Juliano argumentaba sobre las presiones del ejército y el riesgo, incluso para su vida, de una renuncia ante las enardecidas legiones.

  Viendo la situación, Constancio II desestimó el enfrentamiento con los persas y volvió sus tropas hacia el Oeste para destituir a Juliano. Con un Occidente bajo control, Juliano fue al encuentro del Emperador; cuando Juliano se encontraban en Panonia al frente de sus legiones (Noviembre de 361), le llegó el comunicado de la repentina muerte de Constancio y la cesión testamentaria del poder imperial. Flavio Claudio Juliano entró en Constantinopla, de manera triunfal, como único Augusto del Imperio.

  Después de pasar el invierno (361-362) en Constantinopla, el Emperador Juliano II, marchó para Antioquía, urbe en la que fue mal recibido por su condición de pagano (allí la mayoría eran cristianos), para preparar la inacabada campaña contra los persas. Al frente de un poderoso y disciplinado ejército, más de 80.000 soldados, Juliano inició la expedición contra los sasánidas contando los combates por victoria tras victoria; pero el tierno Augusto no se conformaba con enviar a los persas más allá del Tigris, quería ser el gran conquistador. El Rey Sapor II, consciente del curso de la guerra, optó por la retirada esperando su momento. Los territorios por los que avanzaban se hicieron hostiles para los romanos y ahí, en pequeñas escaramuzas, los persas empezaron a golpear y desmoralizar a las legiones; en una de estas guerrillas, cerca de Ctesifonte, una flecha alcanzó el hígado de Juliano, a los pocos días murió desangrado, 26 de Junio de 363. Los abatidos soldados se apresuraron a ensalzar Augusto al jefe de la Guardia Imperial: Flavio Claudio Joviano.

  Aunque, durante años, Juliano el Apóstata fue vilipendiado por los sectores más cercanos al poder, Roma se había convertido en un Imperio confesional, son muchos los historiadores que no dudan en considerarlo el Augusto más inteligente del Bajo Imperio (284-476); de hecho, en los cinco años de César de Occidente y en el poco más de año y medio de Augusto, promulgó más leyes con miras a la concordia y bienestar de la plebe que todos los miembros de la dinastía “constantiana” juntos: permitió la libertad de culto, amnistió a los exiliados por motivos religiosos, eliminó gran parte de los privilegios que ostentaban aristócratas y altos gerifaltes de la Iglesia, trató con respeto al Senado, alivió los tributos de las clases medias-bajas que había implantado Constantino, reanudó la restauración de lugares de culto judíos y paganos…

  En algunos ámbitos, Juliano el Apóstata, igual que Marco Aurelio, también tuvo el epíteto de “el Filósofo”; estudioso de los académicos griegos le llevaron a elaborar sus propias obras, cartas y panegíricos. Hasta nuestros días poco ha llegado: Misopogon (obra sátira de sí mismo), Contra los Galileos (escritos ninguneando la doctrina cristiana), panegírico en honor del Emperador Constancio, y algunas creaciones en verso.

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©TruttaFario______El Arenal, XXII – III – MMXIV
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Fuentes:
Francesco BertoliniIsaac AsimovEdward GibbonIndro Montanelli.
Encyclopedia Britannica.
Wikipedia.

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