DOMICIANO, Tito Flavio Domiciano ——- (Septiembre – 81 * Septiembre – 96)

  • Roma, 24 – Octubre – 51  ♦♦♦♦  Roma, 18 – Septiembre – 96.

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  La época imperial de la Dinastía Flavia bien se podía dividir en dos partes: por un lado, los trece años de los “reinados” de Vespasiano y Tito, hombres carismáticos, amables y, sobre todo, respetuosos con el Senado y con las instituciones republicanas e imperiales, por ello, en líneas generales gozaron del favor del Pueblo y las legiones, Roma lamentó y lloró sus muertes; por otra parte: los quince años del perverso Domiciano, persona fría y desconfiada, por ende, impopular, que ha pasado a la historia como uno de los “malos”, encuadrado en el grupo de Tiberio, Calígula, Nerón, Cómodo…

  Cuando en 69, las tropas de Marco Antonio Primo hicieron su aparición en Roma para deponer a Vitelio y ensalzar a Vespasiano, el adolescente Domiciano (18 años) estuvo desaparecido junto con su tío Sabino, oculto en algún lugar de la ciudad; aunque también pudo ser una especie de arresto impuesto por los hombres de Vitelio para utilizarlo como fianza cuando llegara Vespasiano. Una vez terminada la refriega, hizo acto de presencia, pavoneando y comportándose como si fuera El César, el Senado fue muy indulgente, era el hijo del nuevo Emperador. Si el comisionado de Tito Flavio Vespasiano, el leal y comprometido Cayo Licinio Muciano, no le hubiera parado los pies, es posible que hubiera liado un desaguisado. A esta forma de actuar no se le dio excesiva importancia debido a su inmadurez, pero daba muestras del tipo de persona que podía llegar a ser: huidizo, cobarde e interesado. En su defensa hay que decir, que  nunca tuvo el cariño y la protección de su padre Vespasiano, como sucediera con su hermano Tito; quizá este distanciamiento hizo de él una persona introvertida y mordaz, los celos que sentía por su hermano fueron una constante a lo largo de su vida.

Titus Flavius Domitianus

  Tito Flavio Domiciano nació en Roma el 24 de Octubre de 51 y murió asesinado, víctima de un complot elaborado por su mujer y los comandantes de la Guardia Pretoriana, en Roma el 18 de Septiembre de 96. Hermano pequeño del Emperador Tito Flavio Vespasiano y de Flavia Domitillia Menor; hijo de Flavia Domitillia Mayor y, del también Emperador, Tito Flavio Vespasiano. Fue ésta, la dinastía más familiar de la historia del Imperio.

 Mientras su padre y su hermano estaban batallando allá por África y Oriente, Domiciano pasó la juventud en Roma bajo la tutela de su tío Flavio Sabino y la esposa de éste, su hermana y su madre ya habían fallecido. Era un muchacho aplicado en los estudios, inteligente, amante de los clásicos griegos, incluso llegó a hacer sus pinitos literarios; pero siempre comportándose de forma solitaria y reservada.

  Cuando su padre Vespasiano llegó a Roma pasó a formar parte del cortejo imperial, aun así, nunca tuvo cargos de relevancia, las únicas responsabilidades que se le asignaban eran meramente representativas, siempre apartado de los asuntos militares y de Estado; todo lo contrario que Tito, su hermano, que desde el primer momento estuvo asociado al poder. En más de una ocasión reclamó de su padre cometidos en temas militares, que le fueron denegados de forma asidua, no llegó a realizar el cursus honorum de forma regular; esto no hacía más que incrementar celos y rencor hacia el favorito Tito. Los años imperiales de su padre Vespasiano y su hermano Tito, los pasó inadvertido, relegado a un segundo lugar.

Domicia Longina

 En asuntos sentimentales, tampoco fue muy afortunado: en 71 contrajo nupcias con la hija del afamado General Corbulón (“suicidado” por orden de Nerón), Domicia Longina, con la que tuvo un hijo que murió de niño, 5 años. Los primeros años de matrimonio transcurrieron con cierta normalidad, pero las infidelidades de ambos, ella con un comediante y él con su sobrina (la hija de Tito), hizo que Domiciano la repudiara obligándola a exiliarse; de esta forma él, podía seguir manteniendo incestuosas relaciones con Julia Flavia sin ningún tipo de desazón. Cuando se cansó del caprichoso idilio amoroso con su sobrina, hizo llamar a Longina, decía estar locamente enamorado de su desterrada esposa; no obstante, la joven Julia Flavia continuó siendo su concubina. Pasados los años, Domicia Longina fue la persona más confabuladora para asesinar a su marido, el Emperador Domiciano.

 Con motivo de la finalización del majestuoso Coliseo, más otras obras, y terminadas las calamidades naturales que habían asolado parte de la Península (erupción del Vesubio, incendio de Roma, peste), el Emperador Tito organizó unos festejos de 100 días; aún no habían acabado éstos, cuando empezó a sufrir de unas extrañas fiebres, su hermano Domiciano insistía en baños de agua helada y nieve, aconsejándole que fuera a descansar a la tierra de sus antepasados. Nada más salir la comitiva de Tito, el resentido Domiciano acudió al cuartel general de los pretorianos para hacerse proclamar Emperador, previo generoso donativo; estaba muy seguro que su hermano iba a morir, como así fue. El misterioso final de Tito levantó sospechas en parte del Pueblo y personas cercanas, pero sus médicos certificaron que había fallecido como consecuencia de unos “baños negligentes”.

  Si las formas de entender el sistema imperial por parte de Vespasiano y Tito se asemejaban al proceder de Octavio, las maneras de Domiciano pronto recordaron a Tiberio y Nerón. Comenzó por desestimar al Senado, ignorando las funciones del mismo; esto presagiaba un sistema autoritario, dictando y sancionando leyes sin contar con el beneplácito o desaprobación de la Curia.

  Igual que sucediera, 27 años antes, durante el Imperio de Nerón, la primera etapa de Domiciano fue próspera para Roma: se dedicó a restaurar los inmuebles asolados durante el incendio ocurrido en época de Tito y mandó construir un arco en homenaje del mismo (Arco de Tito), de esta forma mitigaba, en cierta medida, los comentarios que le implicaban en la muerte de su hermano; aun prescindiendo del Senado, Roma seguía su curso, más por inercia que por una buena gestión política. Retomando su amor por las letras, hizo importantes esfuerzos por renovar bibliotecas y apoyar a los mejores literatos del momento: los hispanos Marco Valerio Marcial (poeta), Marco Fabio Quintiliano (filósofo) y el napolitano Publio Papinio Estacio; hombres que, a cambio, alababan sus bondades aunque fuera de forma un tanto capciosa.

  Domiciano, en su afán de hombre omnipotente dictó leyes en provecho de la religión politeísta tradicional, con la idea de ser adorado como un Dios más, en detrimento de los cristianos; doctrina por la que sentía un odio latente. {“Una vez ante el Tribunal, los cristianos que no renuncien a su religión, serán debidamente castigados”}. Desde el nacimiento del Cristianismo, gran parte de los emperadores fueron poco permisivos con los seguidores del Nazareno y con los judíos: su creencia monoteísta y la infalibilidad de su Dios no dejaba espacio para que ellos fueran venerados. Domiciano, junto con Nerón, fue uno de los emperadores que con más hostilidad trató a los seguidores de Jesús.

Castigo a los cristianos.

  Solventados los problemas en las Provincias de Oriente durante los “reinados” de Tito y Vespasiano, las adversidades surgieron en Dacia (Rumanía) y Moesia (Bulgaria, Serbia), un nuevo líder había hecho su aparición, un hombre capaz de aglutinar las diversas tribus de toda la zona: Decébalo. La primera humillación para Roma, fue el exterminio de la guarnición de Moesia Inferior y muerte de Opio Sabino, Gobernador de la provincia. El Emperador Domiciano organizó una expedición, en la que también marchaba él, de cuatro legiones bajo el mando del Prefecto de los pretorianos: Cornelio Fusco. El astuto Decébalo realizó lo que parecía una retirada, haciendo caer en la trampa al ejército romano, a los que fue castigando con pequeñas escaramuzas, guerra de guerrillas; cuando Domiciano vio la que se avecinaba, se fue para Italia. En dos años, La Primera Guerra Dácica, Decébalo se había llevado por delante a dos generales, Fusco también murió; en apoyo de sus hombres acudió el Gobernador de Moesia Superior, Lucio Tetio Juliano, derrotando, por una vez, a Decébalo, pero no sometiéndolo.

 Como era de esperar, Decébalo reorganizó sus tropas con la idea de cruzar nuevamente el Danubio, Domiciano no estaba dispuesto a continuar con esta costosa guerra. A finales de 89, Domiciano y Decébalo hicieron un pacto por el cual el Rey bárbaro se comprometía a respetar las fronteras, a cambio, el Emperador le cedía personal cualificado y algún donativo con tal que lo llamaran “César”. Esto para el Senado fue un tratado humillante y vergonzoso, era la primera vez que Roma hacía este tipo de concesiones.

Atalaya (Limes germánicus)

Con el propósito de evitar nuevos contratiempos de los pueblos norteños, se enfrascó en fortalecer todas las fronteras construyendo baluartes y atalayas a lo largo de toda la ribera del Rin, Limes Germánicus.

 El recelo y la soledad por las medidas impopulares que tomaba estaban haciendo mella en su carácter introvertido, cada vez se sentía más solo. Para colmo, había hecho volver de Britania a Agrícola cuando ya tenía prácticamente resuelta la conquista de Escocia, el último bastión de la Isla. La celebridad del General Agrícola en el Pueblo y el Senado cada vez era mayor, y esto atormentaba a Domiciano; como buen tirano, no soportaba que hubiera alguien más famoso y querido que él. Quizá fuera este el motivo por el que Lucio Antonio Saturnino, Gobernador de Germania Superior, se sublevara haciéndose nombrar Emperador por sus legiones; aventura que fue abortada por el Gobernador de Aquitania, leal a Domiciano.

 Con una Guardia Pretoriana escéptica, cambiaba los jefes cada corto tiempo con la idea de que no simpatizaran entre ellos e intrigaran contra su persona; con un Senado custodiado, hacía seguir a los Páter por hombres armados para evitar conjuras; y con un ejército cada vez más suspicaz: Domiciano estaba completamente solo. Este aislamiento se transformó en crueldad, comenzando por hacer ejecutar a partidarios de Saturnino y sospechosos de apoyarle; tampoco tuvo reparos en exiliar a los filósofos, consideraba que sus elocuencias tenían un matiz republicano y liberal.

 Tenía Domiciano la costumbre de elaborar listas con las personas que pensaba ejecutar, una de éstas cayó en manos de su esposa Longina, y saltaron las alarmas: ella, los jefes del Pretorio y otros miembros de palacio, también estaba en el glosario. Esta fue la gota que colmó el vaso, desde ese instante se originaron las tretas para eliminarlo. El elegido para el sacrificio era un criado de confianza de Longina, que simulando un vendaje en el brazo, escondía un cuchillo. A los gritos del apuñalado Emperador, acudieron libertos y guardias para rematarlo. Muerto el déspota, el Prefecto de la Guardia Pretoriana se presentó  ante los senadores exhortándoles a que eligieran un nuevo Imperator. Con buen criterio, el 18 de Septiembre de 96, la Curia propuso a un hombre veterano y sabio: Marco Coceyo Nerva, persona que estuvo al frente del Imperio tan solo año y medio; tiempo suficiente para sentar las bases de una nueva forma de entender el Sistema Imperial, depositando el poder legislativo y político en el Senado. Con Nerva, Roma afrontaría la época dorada imperial con el linaje de los Antoninos, los hispanos, la Dinastía Ulpio-Aelia: Trajano, Adriano, Antonino Pio y Marco Aurelio.

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©TruttaFario …. COMPLVTVM, XXIX – III – MMXII  
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Fuentes:
Francesco Bertolini, Indro Montanelli, Isaac Asimov.
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