Barrio Las Olivillas.

written by  Beatriz Fuentes Vinuesa

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Beatriz Fuentes Vinuesa

Alguien me dijo un día que el Olivo es un árbol sagrado y tal fue mi curiosidad que decidí seguir investigando en el tema. Descubrí que ya por los tiempos de Adán y Eva se mencionan a los olivos, creciendo uno en la tumba de propio Adán. Para Noé y su arca la rama de Olivo significó el principio del resurgir del mundo.

  En el año 2000 Ac., en Egipto, ya hay constancia del cultivo del Olivo: y la importancia del Olivo es tal que numerosas momias, incluida la de Tutankamon, fueron amortajadas con una corona elaborada con ramas de olivo.

  Hasta en la fundación de la propia Atenas el olivo juega un papel determinante, al ser la pieza decisiva que hace a los dioses decantarse por Palas Atenea y no por Poseidón; Ya que Atenea hizo brotar un olivo de donde se obtendría el aceite, alimento de los hombres, fuente de luz, símbolo de la abundancia, remedio para las heridas y óleo de unción.

  Por lo tanto, las culturas mediterráneas de las cuales descendemos están trenzadas a este árbol. Lo mismo ocurre con este singular barrio, en el cual los episodios más destacados de su historia están vinculados al olivo. O mejor dicho a dos inmensos olivos, que pertenecieron a Tío Cristos, y que comenzaron siendo unas olivillas. Dos olivas que han marcado el devenir de este barrio. Mudos testigos de las idas y venidas de sus vecinos. Vecinos como tío Antonino y tía —–, tía Rufina, tía Julia y tío Julián, tía Conce y tío Enfren, tío Magín y tía Crece, tía María y tío Silverio, Tía Flora, Tía María y tío Hilario, Tía María “la paletas”, Tía María “la pregonera” o tía Remigia y tío Pedro, tío Fidel y tía Mercedes y otros tantos que han pasado a lo largo de los años.

  Este barrio ha sido un barrio lleno de niños, de juegos, de actividad como tantas veces he oído decir a mi madre.

  Yo lo llamo el barrio de mis amores, amores que han marcado mi vida; como el amor de mis abuelos, o el de mis primos o mis amigas.

  Yo he sido la última de mi familia en disfrutar de las maravillas de este barrio, ya que siendo nieta de tía María y tío Silverio e hija de Julita “la pequeña”, he pasado tantas horas aquí que lo percibo como algo intrínseco a mi alma.

  Siendo yo pequeña no había noche de verano en que no disfrutáramos del fresco en el cotano. Todos los vecinos sin excepción sabían al barrio con sus sillas, este bullía de vida, las historias iban y venían; Una sucesión de actos que se han ido sucediendo año tras año hasta que alcanza mi memoria y la memoria de mi madre y la de la madre de mi madre. Historias tantas veces repetidas que ya no alcanzas a saber si son vivencias tuyas o de algún otro.

  Como aquella en la que Pablo el de tío Julián Potrilla se calló de la Oliva. Contaban que un día Pablo y sus amigos se subieron a la oliva como tantas veces hacían, con tan mala suerte de que lo empujaron cayéndose a la calle de abajo encima de un montón de piedras; Se rompió la pierna y le tuvieron que subir a Ávila y todo, teniendo que estar con la pierna en alto dos meses.

  O aquella en la que contaban que Carmen la hija de tía Flora se disfrazaba de la Carpanta con una sábana para asustar a los muchachos y mantener a raya a los más traviesos.

  No puedo dejar contar también, aquella historia en la que explicaban como Carmencita la de tía María “la pregonera” se quedaba atada a una soga, o como lo llamamos ahora de forma moderna “arnés para niños”, en el barrio cuando por cuestiones de trabajo su abuela se quedaba a su cargo, cabe destacar que María siempre ha sido una chiquilla con mucho nervio y mucha actividad.

  El Barrio de las Olivillas ha sido también un barrio de grandes cuenta cuentos. En aquellos tiempos en los que la televisión no existía, la palabra cobraba un valor incalculable haciendo las veces de instructora, de guardiana, de viajera, de amiga que te acompaña a lo largo del camino o de creadora de recuerdos. Cuantas veces no he oído decir como tía María, madre de María la Pregonera cogía una silla y llamaba a los niños a sentarse con ella en el cotano para contarles historias, cuentos o para explicarles que aquellas lucecitas que veían al fondo, no eran más que las luces de Oropesa y sus gentes viviendo en ellas.

  Recuerdo especial a tío Teófilo el cojo, que también le encantaba contar historias y cantar canciones a los niños, convirtiéndose en un miembro muy popular del barrio, del cual he tenido la suerte de poder escucharlo con mis propios oídos.

  Los vecinos del barrio las olivillas han sido vecinos muy trabajadores, que les toco vivir un época difícil; pero a la vez han sido vecinos que amaban la vida y les gustaba divertirse; como por ejemplo, cuando celebraban la  Moragá. Todos los años tío Julián “Potrilla” traía leña salía todos, mayores y niños, y asaban castañas y freían chuletas.

  Este barrio es tan singular que hasta un santo se les ha aparecido. Cuenta la leyenda que justo por encima del barrio las olivillas, en el canchal, donde los pastores guardaban al ganao, en una tarde de invierno a un pastor llamado Domingo se le apareció un Santo. Las razones de la aparición nunca quedaron claras, unos decían que por devoción y otros que por los estragos del hambre. Lo que sí ha llegado hasta nosotros ha sido su historia dando nombre a las calles de Santo Domingo alto y Santo Domingo bajo.

  No me gustaría terminar sin mencionar con especial cariño algunos de los recuerdos de mi madre y de mi tía, hijas de tía María y tío Silverio, nacidas y crecidas aquí y donde me dicen que pasaron algunos de los mejores años de su vida.

  Las dos coinciden en describir el barrio como un barrio en donde estaba la “movida”. Con sus dos olivas, amigas, compañeras y confidentes de los niños. Corrían por la calle de arriba o por la de abajo y se aburrían se iban al canchón, al huerto tía Marta o al barrio los Nogalares, barrio maravilloso también donde los haya.

  Recuerdan con especial candor, como salían al cotano nada más terminar de comer; salían a jugar a bote, al corro, a la comba, a los platillos o a San Roquito  manda a Cucurubé ir a por algo. Recuerdan también como andaban entre las piernas de las vecinas mientras ellas cosían, haciéndolas callar mientras decían -”sah, que hay ropa tendida” para que los niños no se enteraran de sus secretos.

  O como tío Antonino y tía Generosa hacían reír a todos, cuando tía Generosa preguntaba: -“¿tío Antonino cuantos ladrillos entran en un cien?; -“pues cien tía Generosa, cien.

  También recuerdan como en fiestas los del barrio de arriba tiraban cohetes a los del bario de abajo y como los del barrio de abajo respondían terminando aquello en un jolgorio de risas y de chismorreos.

  Para terminar ya, hacer una especial mención a todas las mujeres de este barrio: trabajadoras incansables a tiempo completo, madres, hermanas, amigas, cocineras, costureras, granjeras, labradoras, administradoras del dinero, medicas, enfermeras, compañeras inseparables de sus maridos, viudas; en definitiva luchadoras pero sobre todo mujeres que han marcado la vida de este barrio y la mía propia.

Solo queda decir y creo que todos coincidiréis conmigo:

Dos cosas tiene este pueblo

Que no las tiene Sevilla

Es el huerto tía Marta

Y el barrio las Olivillas.

El Arenal, 22 de agosto de 2017.

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Un comentario el “Barrio Las Olivillas.

  1. Marcelo Labrado dice:

    Mi barrio eso me recuerda mi niñez todo lo que as escrito en este comentario se me recuerda lo vivido de verdad fue un barrio muy interesante mi casa fue la de florita y migue al lado de tia Generosa Tia Sotera y tia flora buenos recu8erdos

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