La piedra de la ermita.

By Luis Dionisio Dégano Morcillo.

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Luis Dionisio Dégano Morcillo

Luis Dionisio Dégano Morcillo

Cuentan quienes bien lo saben, que hace ya más de 700 años, que el pueblo de El Arenal estaba en un lugar diferente al que ahora ocupa, encontrándose su origen en lo que llaman los Barrancales y la Vega. Allí, un inicial grupo de pastores, llegados con la repoblación que los reyes de Castilla hacían de las tierras que iban arrebatando a los moros, habían construido unos chozos para vivir y cuidaban unos huertos que regaban con el agua de un cercano y caudaloso río.

Sus rebaños, formados por ovejas, vacas y cabras, pastaban por los bosques y praderas de las faldas de la sierra, encontrando en ellas buena cantidad de alimento, tanto en invierno después del deshielo, como en verano, protegidos del sol abrasador gracias a la frescura de los arroyos.

Los corrales para el ganado los construyeron en una explanada de la pendiente montañosa, situada entre dos arroyos y con varias fuentes, con el fin de que no faltase el agua al ganado. El puesto, en el cual dormían y desde donde vigilaban para que no robasen las ovejas, las vacas y las cabras, lo tenían al abrigo de un canchón situado al norte de la majada.

Ocurrió una noche, cuando los pastores estaban terminando de ordeñar a los animales, que vieron una extraña luz moverse cerca de los corrales. Precavidos, algunos propusieron ir a ver qué era, pero otros, temiendo que fuesen bandidos que querían arrebatarles el ganado y pensando que ellos estaban indefensos, pues no tenían armas, opinaron que era mejor dejarlo para otra ocasión. Pasado un tiempo la luz desapareció del lugar y los pastores trataron de olvidar el hecho continuando con su tarea.

Al día siguiente y casi a la misma hora que había ocurrido la noche anterior, una claridad volvió a divisarse entre los riscos de piedras cercanos a la majada. Los pastores dejaron de ordeñar a las ovejas, las vacas y las cabras, se armaron de palos, piedras y horcas, se hicieron una piña y esperaron prevenidos para ver quién aparecía.

Pero nadie subió desde el roquedal. Poco a poco la oscilante luz se fue apagando, ellos dejaron sus improvisadas armas en el suelo, acabaron la tarea y algunos se marcharon con sus familias a sus chozos, mientras otros se quedaron montando guardia.

A la noche del tercer día, tomaron la determinación de que si, la luz volvía a aparecer, se armarían con palos y cuchillos y bajarían a ver qué era eso. Y así sucedió. Puntual a su cita, la luz volvió a aparecer y a moverse por el canchón. Los pastores, dejando de ordeñar a sus ovejas, sus vacas y sus cabras, cogieron lo que tenían a mano y marcharon hacia el afloramiento rocoso.

Al llegar allí, cuál no sería su sorpresa, que en vez de encontrar a los que ellos suponían ladrones y bandidos que querían robarles el ganado, se encuentran con Santo Domingo en persona, acompañado por un pequeño perro que portaba, cogida en su boca, una vela encendida y saltaba de peña en peña, como jugueteando con el Santo.

Quiero que en este lugar me edifiquéis una ermita- les dijo –y que alrededor de ella hagáis crecer el pueblo, el cual persistirá todo el tiempo que el templo se mantenga en pie.

Los pastores, al principio no daban crédito ni de lo que veían ni de lo que oían, pero pensando que el Santo tenía razón, y que el lugar en el cual estaban los chozos podía ser un tanto insalubre, metido en la umbría del río, convinieron en trasladar el pueblo alrededor de la ermita que levantarían en su nombre, ahora bien, esta no la edificarían donde este les pedía, pues era zona agreste y rocosa y les costaría mucho esfuerzo y tiempo construirla, sino que la edificarían en el lugar donde estaban los corrales de las ovejas, las vacas y las cabras, que era más llano.

Así lo hicieron: construyeron la ermita, trasladaron el pueblo que creció alrededor de ella y los corrales del ganado los llevaron para otro sitio.

Pero sucedió que, pasado un tiempo, comenzaron a salir grietas en el templo que edificaran, a caérsele algunas piedras y a notarse como temblores en sus paredes. Los pastores, asustados y recordando lo que Santo Domingo les dijera, que si desaparecía la ermita, el pueblo también lo haría, preguntaron a una mujer anciana que vivía con ellos y que era tenida por curandera y algo zahorí, para que les aconsejase qué hacer en este caso. La vidente les dijo que, para averiguarlo, tenía que dormir tres noches seguidas dentro del edificio, ella sola, que la dejasen agua y comida suficiente para pasar esos tres días, al cabo de los cuales ella tendría una solución. Los pastores así lo hicieron y, pasados tres días desde que dejaran sola a la adivina, volvieron a preguntar.

-Las piedras se caen y la ermita se resquebraja, porque Santo Domingo se la quiere llevar, no está conforme con que la hayáis construido en este lugar –les indicó.

Los pastores, desconcertados, no supieron qué hacer, entonces la anciana les aconsejó lo siguiente:

-Tallad una piedra en forma de octógono y taponad con ella la entrada a la ermita, por el lugar donde está la pila bautismal. Abrid otras dos puertas laterales, pero esa donde coloquéis la piedra selladla bien y nunca la quitéis, porque si así lo hacéis, volverá a entrar por ella Santo Domingo a llevarse las piedras del templo.

Obedientes, los pastores así lo hicieron, labraron en una roca de granito una figura octogonal y la incrustaron en la puerta de la ermita, taponando después cada resquicio, para evitar que el Santo entrase a llevarse su templo. Al hacerlo, las grietas que este tenía se cerraron, las paredes dejaron de temblar y ya no se cayeron más piedras. Con el paso del tiempo, el pueblo siguió creciendo alrededor de la ermita, que se amplió y se convirtió en iglesia, los pastores siguieron ordeñando sus ovejas, sus vacas y sus cabras, como si no pasase nada y eso sí, a ninguno se le ha ocurrido nunca quitar la piedra en forma de octógono que la anciana les mandó colocar y así dejar libre la puerta, no vaya a ser que Santo Domingo regrese y desmonte la iglesia, desapareciendo con ello el pueblo de El Arenal.

El Arenal, 18 de agosto de 2015.

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